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12 de julio de 2010

Te la mereces, Casillas


La siguiente frase no es mía:

"Si alguien en este país se merece a Sara Carbonero, ese es Casillas".

Pero me adhiero.


 

10 de julio de 2010

El Comando Agustín


Durante unos cuantos años, los amigos quedábamos todos los días a la una y media para tomar el aperitivo en el mismo bar. En la barra, detrás de un cristal, en una fuente de barro, yacía un pulpo… que jamás nadie se comió. Al cabo de las semanas, o de los meses, como quiera que nos pareciera que aquel seguia siendo el mismo pulpo, le pusimos nombre: Agustín. Durante los años siguientes, aquel grupo de amigos, rebautizado “Comando Agustín”, elaboró varios planes para el rescate del pulpo y su regreso al mar. Pasamontañas, pistolas, secuestro, alunizajes nocturnos, butrones, asalto con rehenes… Todo lo pensamos y luego nada hicimos porque en el último momento siempre venía alguna lagarta a distraernos. Hoy, ese bar ya no está y no sabemos qué fue de Agustín. Pero sí sabemos que hay otro pulpo que merece la libertad: Paul. A partir de mañana, el Comando Agustín elaborará los planes pertinentes para la liberación del cefalópodo clarividente que nos ha hecho Campeones del Mundo. 
 

24 de junio de 2010

Sin ganas de jugar


Desde aquella vez, también hace años, que el equipo de fútbol-sala “Autoescuela AZA” de la Liga del Distrito de Salamanca acudió a jugar un partido a las nueve de la mañana de un domingo con todos los componentes del equipo con una resaca salvaje de haber dormido un par de horas después de haberse bebido hasta el agua de los floreros de los bares de Huertas, jamás había visto a unos futbolistas con menos ganas de jugar… Hasta que vi a los franceses saltar al campo para jugar contra Sudáfrica. 
 

18 de junio de 2010

Cinco euros a que gana Serbia


Oído en la barra del bar: “Pepe, ponme cinco euros en la porra a que el Mundial lo gana Serbia”. El camarero se vuelve y dice: “¿Serbia? ¿Estás seguro, Javi?”. Y el cliente dice: “Pues no, claro que no. Pero si digo que Brasil voy a tener que compartir el premio con otros cuarenta segurolas. Mejor me quedo con Serbia y si gana, me forro. Total, pa’ cinco euros, porque tal y como están las cosas, porque hay que ver cómo están las cosas, ¿tú has visto cómo están las cosas?”. Y el camarero seca un vaso y dice: “A mí me lo vas a contar”. Y el otro dice: “No, coño, que de verdad no sabemos cómo están las cosas”. Y el camarero hace un mohín y dice: “No quieras que te cuente cómo están las cosas”. Y el cliente dice: “Si es que esto no va para ningún lado… Anda, dame cambio para la máquina, a ver si se le saco el premio”. 
 
 

17 de junio de 2010

Mandemos a Revilla a Suráfrica


Recuerdo que un día, de pequeño, estaba en el Sardinero y dos niños un par de filas más atrás llegaron con algo parecido a una trompeta (hoy, muchos años después de aquello, aprendo que eso se llama vuvuzela). Los nenes soplaron y de esas cosas salió el sonido más estúpido que los siglos han conocido. Todos nos revolvimos inquietos. Los enanos volvieron a soplar. En ese momento, un señor con voz de tenor, ademán elegante y actitud distinguida solo propia de alguien nacido en la Montaña, se giró, buscó al padre de los trompetistas y le animó a que solicitara de sus hijos que dejaran de tocar “los cacharros esos antes de que me vea en la obligación de metérselos a usted por el…”. Y ahí terminó el futuro de la vuvuzela en Santander. La conclusión de este comentario es: ¿por qué no hubo un santanderino en Suráfrica cuando se le necesitó? No, no podemos mandar a Revilla. Ya es tarde. 
 

29 de abril de 2010

Leve aproximación a por qué Torres se lesiona cuando va a jugar contra el Atleti


La última vez que vi a Fernando Torres fue hace dos meses. Estaba en el pub de Sammy, en Kirkdale, y no tenía buen aspecto. Sammy me dijo que iba todos los días y se agarraba a la botella. Ya no hablaba con nadie. Sólo gruñía.

Alguna vez, y ya cada vez menos, algún joven idiota se acercaba al viejo striker y trataba de sacarle una conversación sobre aquellos viejos y buenos tiempos, pero Torres rezongaba: “Nunca fueron buenos, pero sí que son viejos”.

Pero no son tan viejos los recuerdos cuando te van comiendo… Desde el amanecer hasta la cama; hasta que la botella golpea la moqueta de tu cuarto y te haces bicho-bola abrazado a una mala almohada.

Torres es un hombre… Bueno, sólo una vez, cuando entró en el pub aquel tipo con la camiseta del Atleti. Se le cayó el vaso y se marchó. Miento al decir que le vimos llorar… pero si hubiera que jurar que estaba llorando, yo lo juraría.

Hace dos meses, un día, fue al baño, a pelearse con la próstata, y se dejó la cartera encima de la barra. De entre toda la mierda que llevaba aquella billetera hinchada sobresalía el recorte de un periódico. Sammy y yo nos miramos y sacamos aquel trozo de papel. Era la crónica de un partido contra el Atlético de Madrid en el Calderón. No sé español, no sé qué decía, pero la foto que dominaba la crónica era la suya, sonriendo, con la camiseta del Liverpool, de rodillas; con el cuerpo para atrás, abrazado a Gerrard, celebrando su segundo gol al Atleti.

Yo miré a Sammy sin entender ni mucho ni nada y le alargué la fotografía. Sammy la miró mucho más despacio. Al final soltó un gruñido y me la volvió a pasar. “Ahí está. ¿No lo ves?”.

La volví a coger y la miré. ¿Qué estaba ahí? Un tipo feliz, joven, con la camiseta de un grande de Europa, abrazado a un jugador de leyenda… La sonrisa de “The Kid” llenaba la escena… Sammy, no veo…

- Mira el fondo.

¿El público?. Caras antiguas de hace cincuenta años, de principios de siglo. Dios, sí; ahí estaba. Era un niño pequeño. ¿Qué tendría, nueve años? Lleva la camiseta del Atleti. Está llorando.

Levanté la vista. Torres había vuelto. Me miró con furia.

- ¿Con qué derecho hurgas en mis cosas?

- ¿Hiciste llorar a un niño del Atleti? ¿Fue eso, Torres? Di. ¿Fue eso?

Me miró con asco y dijo:

- Ojalá hubiera estado lesionado. 

No vi llegar el puñetazo. La botella cayó sobre la barra. Me arrancó el recorte y se largó. De aquello hace dos meses. No he vuelto a ver a Torres. Aquel viejo striker del Liverpool.