27 de mayo de 2010

El yogui y la diosa

Prahlad Jani, un octogenario yogui (venerable santón maestro de yoga) hindú del Estado de Gujarat (hacia el oeste) tiene en jaque a la medicina militar india. El hombre asegura que no come ni bebe desde que hace 70 años una diosa le concediera poderes especiales. Un equipo de treinta médicos del hospital militar de la zona aisló al yogui y le vigiló durante una semana. La conclusión científica es que “no sabemos cómo sobrevive”. Pero los médicos no se dan por vencidos y seguirán estudiando al yogui porque esta investigación “podría ayudar a soldados, astronautas o incluso a personas atrapadas en desastres naturales”.

Y yo me pregunto: ¿qué es lo que no entendieron cuando el yogui les contó lo de la diosa?
 

26 de mayo de 2010

Cuento de Zapatero, el insomne


Al final del Consejo, uno de los ministros habló: “Presidente, queríamos decirte que estamos orgullosos de pertenecer a tu Gobierno”. El presidente hizo un mohín con el hombro y sonrió: “No es mío, Pepe... Es el Gobierno de la Nación”. Pepe se sonrojó: “En cualquier caso, nuestra adhesión es inquebrantable”. El presidente se sintió igual de reconfortado que cuando leyó su periódico y escuchó su radio. Sus analistas coincidían en que lo de Garzón sí que era un duro golpe para cinco millones de parados. A las doce, el presidente se fue a la cama. A las tres de la mañana se despertó y se quedó insomne, fantaseando: “¡Os prometí dos millones de empleos y os he dado cuatro!”, gritaba en su ensueño mientras recorría la Gran Vía en un Lincoln descapotable bajo una lluvia de confeti y aplausos. Ahí fue cuando repitió su frase favorita en voz alta: “Sonsoles, no sabes cuántos españoles podrían ser presidentes”. Su mujer se revolvió, gruñó y respondió desde lo más profundo de su sueño: “Y cualquiera lo haría mucho mejor que tú”. Y ahí fue cuando el presidente hundió la cabeza en la almohada y lloró.
 

21 de mayo de 2010

Un hecho que le honra a Zapatero (pero sólo uno, eh)

Hojeaba el ABC cuando me dí de bruces con un aviso que anunciaba la conferencia de un ministro en un foro de esa centenaria e ilustre Casa y lo llamaba Señor Don Fulanito Noséqué… Aquello me hizo recordar que, al comienzo de su primera legislatura, Zapatero suprimió el trato de “excelentísimos” a los miembros del Gobierno. Ahí se me abrieron las entendederas y lo comprendí todo: Zapatero ya sabía lo que su acción de Gobierno iba a provocar y fue sincero desde un principio suprimiendo la excelencia que, como el valor al soldado, se le supone a un miembro del Gobierno. La rectitud de su apriorismo le honra. Por fin, algo le honra.

Adenda: En el siguiente vídeo se puede ver otro "apriorismo", aunque este de Wayne Rooney y a partir del segundo 58.
 

20 de mayo de 2010

¡Ven, Belén Esteban! (asi se llama mi perro)


El doctor Brett Mills de la Universidad de East Anglia ha asegurado en una sesuda revista británica que los documentales de fauna salvaje vulneran el derecho de los animales a su privacidad. Lo que quiere decir el doctor Mills es que los documentales suelen girar en torno al nacimiento, apareamiento y muerte de muchas especies que en condiciones normales no nacerían, ni se aparearían, ni morirían delante de un humano. Por lo tanto, se podría decir que en la mayoría de los animales hay un deseo de privacidad violado sistemáticamente por los documentalistas… Dicho lo cual, he procedido a contar esta noticia a mi perro quien ha respondido en plan exhibicionista mordisqueándose delante de mí los cuartos traseros. A partir de ahora, a mi perro lo llamaré “Belén Esteban”.
 

19 de mayo de 2010

Zapatero anuncia que subirá los impuestos a Bono

Leo la siguiente noticia en El Mundo y una luz se enciende en mi cabeza (¿puede haber sido un microinfarto cerebral?) cuando llego al párrafo final:

"Ese esfuerzo debe ser mayor por parte de los que tienen más", ha afirmado Zapatero, quien, no obstante, ha querido matizar que se refiere a "los que realmente tienen más", descartando explícitamente a "la clase media", que según ha dicho ya "soporta" la mayor carga tributaria.

Está muy claro: Zapatero va a por Bono.
 

18 de mayo de 2010

Cuento extraterrestre

Los astrónomos comparecieron ante la Comisión Económica del Sistema Espacial para dar cuenta de los gastos derivados de la búsqueda de vida exterior. Wiiikinspin y Jardegruof explicaron, durante la larga sesión de control, que tenían esperanza en que “de aquí a 120 guipirs tengamos alguna respuesta a las señales enviadas al Universo conocido”. El presidente de la Comisión, el notable Cruanddefargh, golpeó la mesa con su tentáculo. “¡120 guipirs! ¡Es inaceptable! Hace 24 fuloms que en esta misma sala dijeron que habían descubierto un planeta azul que… ¿Qué pasó con aquello?”. Jardegruof tragó saliva por sus membranas, cerró sus 32 ojos y dio un suspiro… "¡Ah! Sí, sí… Ya… Bueno, mandamos 750 señales de 60 gligliglis de duración a ese planeta. No hubo respuesta. Je, je… Pero hemos descubierto otro que…”. El presidente golpeó de nuevo la plataforma con su tentáculo... “¡Basta! El programa queda cancelado”.

A 20 años luz de allí, en aquel planeta azul, un estegosaurio del periodo Jurásico dejó de masticar hojas al notar un extraño zumbido en sus oídos que, gracias a Dios, duró poco. Unos 60 gligliglis.
 

17 de mayo de 2010

La última palabra


La transcripción de las conversaciones en cabina en el avión de Spanair termina con un exabrupto en alta voz un segundo antes de que la nave se estrellara en Barajas. “Mierda”, en concreto. Me acordé entonces de que hace años apunté la última palabra de los últimos segundos de decenas de transcripciones de accidentes de aviación. Más o menos, la mitad dice “Mierda”. No usan otra palabra, que mira que hay. Los anglófonos dicen “shit”, los franceses “merde” y los croatas, “govno”. La otra mitad, más o menos, grita “Dios mío”. Sea un exabrupto o una invocación, y aunque yo soy muy partidario de lo segundo, lo interesante es que siempre queda tiempo para decir la última palabra. 
 

10 de mayo de 2010

Que no me olvide de coger una pastilla de cianuro

Stephen Hawking ha comentado que los viajes en el tiempo son posibles, pero sólo hacia el futuro. Con eso, Hawking se acaba de cargar el problema de las paradojas temporales (si viajase al pasado y matara a mi abuelo sería imposible que yo naciera con lo cual no podría matar a mi abuelo y entonces sí que nacería y sí que podría viajar atrás para matar a mi abuelo y etcétera ad nauseam). El problema que le veo a lo de irás pero no volverás al futuro es que no sé de qué serviría… ¿Para saltarse una guerra? ¿Y si aterrizase en medio de otra? ¿Para escapar de Zapatero? ¿Y si en el futuro la presidenta fuera Leire Pajín? Glups. Recordatorio: antes de embarcar hacia el futuro, coger una pastilla de cianuro. 
 

7 de mayo de 2010

Dos tontos muy tontos


Joseph (católico) conoce a Rebecca (judía) en Pensilvania. Se quieren y deciden casarse. Joseph es un sinsorgo, así que se convierte al judaísmo y tienen una hija (Ela) a la que educan como judía. Pero todo cambia y un día se odian, deciden divorciarse y, de paso, hacerse daño. Joseph hace algo bien y lleva a su hija Ela a la iglesia. Rebecca consigue una orden de un juez que prohíbe al ex judío recatólico llevar a su hija a una parroquia católica. Él bautiza de extranjis a su hija y le manda a su ex las fotos de la ceremonia. Zapatiestas en los tribunales. Hace nada, un jurado sentenció que cada padre puede educar a la niña en su fe. Vamos, lo normal.

Y hasta aquí otra historia de gente que usa a sus hijos para hacerse daño
 

6 de mayo de 2010

El último fracaso de Samaranch


En las páginas del semanario Alba que me cobijan, recordé hace tiempo aquel comentario de Juan Antonio Samaranch como apostilla a la muerte de su mujer, Bibis: “Más que quererla, la admiraba”. Hace poco leí el comentario del hijo de Samaranch a la muerte de su padre: “Se va sin sufrir y sin hacer sufrir. Es un final muy eficiente”. Admiración, anestesia y eficiencia. Espero, por el amor de Dios, que ninguno de mis hijos diga algo así de mí cuando la palme. Sería un fracaso.
 

5 de mayo de 2010

Lo que va de un paria de la tierra a José Bono

Lo que va de la canción "Black Betty" de 1933:



A esta versión de Spiderbait de "Black Betty":


Vendría a ser lo mismo que lo que va de un paria de la tierra a José Bono.
 

4 de mayo de 2010

Descocadas, luego adúlteras, luego sísmicas

En la imagen superior hay un gatito

Según el clérigo iraní Hojatoleslam Kazem Sedighi (no sé para qué pongo el nombre, la verdad es que no aporta nada), los terremotos de Haití y de Chile ocurrieron porque hay mujeres que visten sin decoro, lo que corrompe su castidad, conduce al adulterio y este, a los movimientos telúricos. La idea fue recogida por una joven yanqui de Indiana, que de inmediato movilizó a decenas de miles de mujeres de una red social que se comprometieron a lucir un generoso escote el pasado lunes para demostrar al iraní que no había vínculo activo alguno entre la carne y el mundo (geológico). No pasó nada. Pero… ¿qué hubiera ocurrido de haberse dado la tremenda casualidad? Tiemblo al pensarlo.

3 de mayo de 2010

En Filadelfia comen mucho pollo

En las primarias en un distrito de Filadelfia, la ciudad del amor fraterno, una candidata demócrata lesbiana ha acusado a su rival de ser heterosexual y de mentir al asegurar que era bisexual “sólo para ganarse los votos de la comunidad homosexual”.

La pregunta es: ¿cuánto pollo comen en Filadelfia?

30 de abril de 2010

Por qué necesito que el Atleti gane un título

De las cuarenta o cincuenta decisiones que he tomado en la vida, la menos importante (pero una de las más entretenidas) ha sido la de educar a mis hijos en la pasión de ser del Atleti.

Si alguien creyera que ese magisterio es fácil, se equivocaría. Todos los días, mis hijos van a un colegio a la sombra del Bernabéu en el que, tirando por lo bajo, el 97,3 por ciento de sus compañeros y amigos son madridistas. Además, en una horrible pirueta generacional, he tenido que hacer frente al “desastre” pedagógico que supone iluminar a mis hijos en la fe atlética en los tiempos de Messi.

Pero todo lo anterior no supondrá amenaza alguna si este año ganamos un título. Tenemos dos oportunidades de ir a Neptuno y da igual si en una u otra, o en las dos, lo que sé es que cuando mis hijos estén allí y vean y oigan lo que verán y oirán, ya siempre serán del Atleti.

Y mi trabajo habrá acabado.
 

29 de abril de 2010

Leve aproximación a por qué Torres se lesiona cuando va a jugar contra el Atleti


La última vez que vi a Fernando Torres fue hace dos meses. Estaba en el pub de Sammy, en Kirkdale, y no tenía buen aspecto. Sammy me dijo que iba todos los días y se agarraba a la botella. Ya no hablaba con nadie. Sólo gruñía.

Alguna vez, y ya cada vez menos, algún joven idiota se acercaba al viejo striker y trataba de sacarle una conversación sobre aquellos viejos y buenos tiempos, pero Torres rezongaba: “Nunca fueron buenos, pero sí que son viejos”.

Pero no son tan viejos los recuerdos cuando te van comiendo… Desde el amanecer hasta la cama; hasta que la botella golpea la moqueta de tu cuarto y te haces bicho-bola abrazado a una mala almohada.

Torres es un hombre… Bueno, sólo una vez, cuando entró en el pub aquel tipo con la camiseta del Atleti. Se le cayó el vaso y se marchó. Miento al decir que le vimos llorar… pero si hubiera que jurar que estaba llorando, yo lo juraría.

Hace dos meses, un día, fue al baño, a pelearse con la próstata, y se dejó la cartera encima de la barra. De entre toda la mierda que llevaba aquella billetera hinchada sobresalía el recorte de un periódico. Sammy y yo nos miramos y sacamos aquel trozo de papel. Era la crónica de un partido contra el Atlético de Madrid en el Calderón. No sé español, no sé qué decía, pero la foto que dominaba la crónica era la suya, sonriendo, con la camiseta del Liverpool, de rodillas; con el cuerpo para atrás, abrazado a Gerrard, celebrando su segundo gol al Atleti.

Yo miré a Sammy sin entender ni mucho ni nada y le alargué la fotografía. Sammy la miró mucho más despacio. Al final soltó un gruñido y me la volvió a pasar. “Ahí está. ¿No lo ves?”.

La volví a coger y la miré. ¿Qué estaba ahí? Un tipo feliz, joven, con la camiseta de un grande de Europa, abrazado a un jugador de leyenda… La sonrisa de “The Kid” llenaba la escena… Sammy, no veo…

- Mira el fondo.

¿El público?. Caras antiguas de hace cincuenta años, de principios de siglo. Dios, sí; ahí estaba. Era un niño pequeño. ¿Qué tendría, nueve años? Lleva la camiseta del Atleti. Está llorando.

Levanté la vista. Torres había vuelto. Me miró con furia.

- ¿Con qué derecho hurgas en mis cosas?

- ¿Hiciste llorar a un niño del Atleti? ¿Fue eso, Torres? Di. ¿Fue eso?

Me miró con asco y dijo:

- Ojalá hubiera estado lesionado. 

No vi llegar el puñetazo. La botella cayó sobre la barra. Me arrancó el recorte y se largó. De aquello hace dos meses. No he vuelto a ver a Torres. Aquel viejo striker del Liverpool.